Voracidad en la veracidad

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Por Julián Otero

El otro día bajo el amparo de un café tuve una interesante charla informal con un “gastrónomo”. Lo entrecomillo porque en nuestro repaso de productos, restaurantes y demás ramas del mundo de la cocina, escuché varios “mantras” que me sonaban familiares.

“La cocina francesa es anticuada”, “A DiverXo sólo le han dado la tercera estrella por fastidiar a Cataluña” o mi gran favorito del día “Leonardo Da Vinci fue un cocinero mucho más rupturista que la vanguardia actual”

Ante las dos primeras afirmaciones sólo pude preguntar intentando ser todo lo sutil que mis modales me dejaron e intentando tapar educadamente la vena palpitante de mi cuello.

-. ¿Has comido en alguno de esos restaurantes?

-.No, pero es que eso es así.

Lo negativo del mundo gastronómico muchas veces es que las tendencias y opiniones no se razonan, sino que se fotocopian. Sin embargo, en un mundo subjetivo y sujeto no sólo a la pericia que tiene cada uno a la hora de degustar, sino a su trasfondo emocional y personal, fotocopiar opiniones es demostrar que uno no tiene ni idea. La gente que vierte esas opiniones siendo ellos la fuente primaria sólo reproducen la experiencia que han vivido, robar esas opiniones sin citar su fuente es una manera de disfrazarse de algo que uno no es.

Es además, “para más INRI”, una forma de perpetuar falsedades por repetición, lo que genera una desinformación a lo largo del tiempo. George Lang escribió en 1980 que “La historia culinaria es una colección de hechos cuestionables, registrados por personas de dudosa credibilidad, acerca de eventos que a nadie le importan, acerca de personas sin importancia” Esta reflexión que él hacía viene muy bien para analizar la frase que más me llamó la atención en mi charla, la referida a Da Vinci.

Critico2

Da Vinci era un genio, nadie debe dudar eso. Mi interlocutor en cambio no era tan genio, y había tomado por cierto el libro Notas de cocina de Leonardo Da Vinci que en su versión original en inglés se publico el 1 de Abril de 1987 (un día parecido a nuestros Santos Inocentes). Este libro que surge como una broma extrapolando las máquinas de Leonardo con usos culinarios inventados, y relatando nuevas salidas profesionales dentro de una taberna, ha sido un gran generador de “hoax” (bulos “prefabricados”) en el ámbito gastronómico.

La historia culinaria antigua o reciente inventada, parafraseada y manipulada debe cambiar a una búsqueda de información de rigor. Y por otro lado, las opiniones ajenas no deben ser usadas como puntos argumentales, pues es difícil defender lo que otro piensa sin una propia reflexión de los eventos. El café por lo menos estuvo estupendo.

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