Me Siento a La Mesa

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Por Fernando Huidobro

Siempre me fue fácil comer. Nunca fui fácil de contentar.
Sabía lo que me gustaba. Lo que no, claro tenía.
Mi pensar escaso estorbo era para mi paladar.
Campaba a mis anchas donde quería o podía
Y con mis gentes me sentaba para disfrutar.
Sólo la cocina mandaba en mi gustar o disgustar.
En esa tonta sensación de libertad me complacía.
Y así, despreocupado, a la mesa me sentaba yo.
Hoy, mi vida son todo restas a los que acudo sin parar.
El no-ocio del negocio me tiene de comensal profesional.
Muchos otros son los que conmigo van para dar y tomar
En un destripe y despotrique sin fin, voraz e impersonal.
Coartado y embuchado por los vericuetos del delantal
A mil cosas atiendo antes de tener que opinar y recomendar
En esa absurda complacencia de autoridad sensacional.
Y así, preocupado, a la mesa me siento yo.
Lo veía todo claro, lo veo todo oscurecío.
Tenía el plato medio lleno, lo tengo medio vacío.
¿Será todo esto un sinsentío?
No sé que gastrosofar y me siento perdío.
Por eso, amigo mío, cuando la mente no te da solución
Lo mejor es darle, sin perdón, a tu cuerpo satisfacción.
Que sólo el buen comer te hace mejor y lo demás es desilusión.
Siéntate y siéntete contigo mismo y sé tu mejor anfitrión.
Y así, contigo, a la mesa me sentaré yo.

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