La crisis económica y de consumo pone contra las cuerdas a las bebidas espirituosas

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Por Gema Boiza

Tras ocho años consecutivos de caída en sus ventas, el sector se ahoga y pide un nuevo marco regulatorio que le permita competir en igualdad de condiciones, tanto en términos fiscales como publicitarios, con el resto de bebidas alcohólicas. Sólo el aumento de la demanda de la ginebra aporta un rayo de esperanza a la situación de esta industria que ni siquiera puede aferrarse al auge de sus exportaciones, ya que todos los países de confesión musulmana están cerrados, o casi, a su entrada.

Se les acaba el tiempo y las fuerzas. Las bebidas espirituosas están con el agua al cuello y rodeadas de un terreno pantanoso que amenaza con ahogarlas. La caída de la facturación que esta industria empezó a sufrir en 2008, como consecuencia de la debilidad del consumo que trajo consigo la crisis económica, se vio incrementada a partir de 2011, cuando entró en vigor la última ley antitabaco. Una norma que golpeó frontalmente a los locales de ocio nocturno y en consecuencia tiró hacia abajo las ventas de estas bebidas. Sin embargo, éste no iba a ser el último ataque que sufrirían las espirituosas durante estos años de turbulencias en la economía y destrucción de empleo. La subida del 10 por ciento en su carga impositiva que les aplicó el Gobierno en el año 2013, la segunda en nueve años, supuso otro auténtico varapalo. Quizá el definitivo.

“A la discriminación fiscal, que se ha agudizado durante la crisis, hay que sumar la discriminación publicitaria. A la hora de promocionar nuestros productos, tenemos muchas más restricciones que no se sostienen por cuestiones sanitarias, puesto que el consumo indebido es igualmente perjudicial en todos los alcoholes”, lamenta Bosco Torremocha, director ejecutivo de la Federación Española de Bebidas Espirituosas (FEBE).

Una organización -agrupa a 120 empresas productoras y distribuidoras de bebidas alcohólicas procedentes de la destilación de materias primas agrícolas en España- que reclama poner punto y final a las diferencias impositivas que gravan las bebidas alcohólicas en nuestro país para poder engancharse, aunque sea del último vagón, al tren del consumo que para otras bebidas, con menos impuestos, empieza a tomar velocidad. Es el caso de la cerveza y el vino.

Los datos de la FEBE indican que, en materia de impuestos especiales, las espirituosas representan la categoría de bebida con contenido alcohólico que más contribuye a la hacienda pública con un 73 por ciento, pese a representar únicamente el 27 por ciento del consumo de bebidas alcohólicas.

Varapalo en la hostelería

Este desnivel entre ambas cifras está contribuyendo a que el sector haya perdido una de cada dos consumiciones desde el año 2003 (hace 12 años se vendían 440 millones de litros de bebidas espirituosas frente a los 202 de 2013), y que sus ventas hayan caído cerca de la mitad, un 40 por ciento, desde el año 2007.

El último bajón ha sido el de 2014, donde la facturación de esta industria se dejó otro 4,9 por ciento por el camino, respecto a los datos del año anterior. Además de la debilidad del consumo, el retroceso de las ventas de esta industria también se ha debido en 2014 al fuerte ajuste que ha ejecutado la hostelería, donde consigue el 70 por ciento de su facturación.

Y es que el sector hostelero ha cerrado el último año con casi 5.000 bares menos, debido a los coletazos de la crisis económica pero también al intrusismo que ha llevado hasta el gremio a profesionales de otros sectores, desplazados de sus puestos de trabajo precisamente por la crisis y que han buscado, en vano, una salida al desempleo montando un negocio hostelero.

Sin embargo, la restauración no ha sido la única que ha vivido un descenso en las ventas de las espirituosas. El canal de la alimentación también. Aunque, eso sí, un 3,8 por ciento, frente al 5,8 por ciento de la primera.

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La esperanza es la ginebra

Caídas que se han llevado por delante a todas las categorías, a excepción de la ginebra que gracias al boom del gintonic y al auge de la coctelería en nuestro país ha mejorado sus ventas un 7,1 por ciento en el último año. Ha sido la única. El resto ha vuelto a perder peso y, aunque el whisky, los licores y el ron siguen siendo los espirituosos más consumidos en España (con un 26, 18 y 17 por ciento de cuota de mercado, respectivamente) también son los que más caen (6,2, 7,8 y 7,4 por ciento, respectivamente), junto con el anís, que se lleva la peor parte al perder un 8,6 por ciento.

El brandy, por su parte, retrocede un 7,1 por ciento, el vodka, un 4,8 por ciento, y el tequila, que consiguió salvar los muebles en 2013, ha visto cómo en 2014 su consumo bajaba un 1,8 por ciento.

Ante este panorama, si las cifras siguen como hasta ahora, la ginebra, con una cuota de mercado del 16 por ciento, podría colarse pronto en el podio de las tres categorías de espirituosas más vendidas y, lo que es más importante para esta industria, seguir aportando una de las pocas notas positivas que ésta registra.

La otra buena noticia, aunque relativa, para esta industria es el aumento de las exportaciones, que ya se sitúan en un tercio de lo que se produce en España. Eso sí, mientras las ventas de sus bebidas a Alemania van viento en popa, según aseguran a esta publicación desde la FEBE, las exportaciones fuera de la Unión Europea están más limitadas que para otras industrias del sector agroalimentario, porque el alcohol apenas se consume en los países de confesión musulmana.

Eso hace que las ventas fuera de España puedan dirigirse a Estados Unidos, a los países de América Latina y en menor cantidad a Asia y África, donde en muchos de esos países la religión, o una de las religiones, que se profesa es la del Islam.

Además de la pequeña bombona de oxígeno que suponen las exportaciones, otro de los factores que las bebidas espirituosas tienen a su favor es que la marca de la distribución, más conocida como la marca blanca, apenas ha conseguido hacerse un hueco en su sector. “El consumidor de las bebidas espirituosas es muy marquista; es cierto que en un momento hubo un aumento de la marca blanca pero en su pico más alto llegó al 10 por ciento; desde entonces, no ha crecido y a día de hoy está en torno al 5 por ciento”, confirma Torremocha.

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