Innovación en Gestión: gestión de equipos de trabajo, motivación y motivos

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Por Berta del Barrio

…No me siento motivado- mi trabajo no me motiva- mi jefe no me motiva- estoy desmotivado… Todos hemos escuchado esta cantinela o similares hasta la saciedad… La misma cantinela pero desde “el otro lado”: … Mi equipo no está motivado…- mi equipo no se preocupa por nada- si no estoy yo esto no funciona- no sé cómo motivar al equipo… tirando solo del carro y sufriendo la ingratitud de ser el jefe.

Como empleado, estos estados emocionales son el reflejo de momentos en los que no encuentras motivos por los que esforzarte en invertir la energía creadora que todos tenemos. También cuando cuentas con una serie de talentos que no te es posible poner en juego en el trabajo y acabas por no encontrar motivos en los que invertirlos. Te resignas a realizar tu labor con dignidad y mínimo gasto energético y salir a tiempo del trabajo para hacer cosas que te llenen.

Un extraterrestre oyéndonos pensaría que la motivación debe ser algo que a veces nos olvidamos de coger cuando salimos de casa, quizás en el bolsillo del pantalón de ayer, en el coche…La cuestión es que cuesta encontrar la solución, quizás porque el cómo enfocamos el problema impide encontrar la solución.

Míralo así: tener motivación no es más que tener motivos. Motivos de verdad, de los buenos, de los que nos movilizan y sacan lo mejor de nosotros. Y esos motivos está demostrado que en el entorno laboral están íntimamente relacionados con la capacidad de desarrollar tareas de forma autónoma, la oportunidad para mejorar personal y profesionalmente, y la sensación de trascendencia (de que tu trabajo es importante para alguien, de que contribuyes en algo que va más allá de ti mismo y redunda en la mejora de algo superior a uno).

motivacion

Este tipo de motivos se llaman “motivos intrínsecos”, es decir, nacen de la propia persona. El resto de motivos, los que tradicionalmente (y desgraciadamente) venimos usando en las empresas, son “el palo y la zanahoria”. Si hay castigo o recompensa, me muevo, bien para evitarlo o bien para ganar el premio. “No es por no ir, que si hay que ir, se va, pero ir pa ná, es tontería…” (homenaje a Cruz y Raya). Estos motivadores extrínsecos que nos obligan como responsables de equipos a “tener que estar encima para que las cosas se hagan bien” y nos obligan a tener que dedicar gran parte del tiempo (el recurso más escaso) a la nada agradable tarea de controlar. Además sabemos que ofrecer refuerzos extrínsecos en forma de cualquier tipo de recompensa, reduce las motivaciones intrínsecas que las personas puedan tener.

Por tanto, si no encuentras motivos para trabajar donde lo haces- motivos intrínsecos, de los “buenos de verdad”- busca otra ocupación que te permita desarrollarlos en cuanto te sea posible.

Y si necesitas despertar los “intrínsecos” de tu equipo, tendrás que descubrir qué proyectos, responsabilidades y tareas “les motivan”, es decir: les dan sensación de mejora profesional y trascendencia. Para eso, tendrás que mejorar la comunicación con ellos y conocerlos mejor. La autonomía, corre de tu cuenta: tendrás que organizar los procesos y poner las normas claras para que puedan trabajar y tomar las decisiones óptimas sin tener que estar todo el tiempo consultándote. Esta solución se aleja de recetas universales para todos los negocios y para todo tipo de personas y equipos, pero “es lo que hay”. Siento dejar la pelota en tu tejado, quizá no sea un mensaje muy popular y te hubiera dejado mejor sabor de boca un power point con animalitos, música y frases chulas… pero lo que te digo funciona. Piensa en tu gente, piensa en tu negocio y atrévete a crear un entorno donde todos los implicados encontréis motivos para ir a trabajar por algo más que el vil metal.

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