La experiencia del cliente en restauración: ¡Ayúdame a pedir un vino!

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Por Berta del Barrio

Cuando entramos en cualquier establecimiento de hostelería, nos enfrentamos a una oferta más o menos amplia de referencias, que han sido cuidadosamente seleccionadas por el propietario o maître.

Los clientes que no somos expertos en vinos pero sí lo disfrutamos gustosamente, sufrimos con asiduidad el mismo tipo de escena, en diferentes modalidades, según sea en barra o en mesa. Nos acercamos a la barra/ carta con cara dubitativa, revisando, releyendo… (suficientes señales interpretables por el camarero para pensar que nos gustaría que nos asesoraran…) y entonces, dices: -“Quería un tinto..” -¿Crianza? -Vale… O- Rioja? -Pues vale… Incluso me ha pasado: ¿Rueda o verdejo? (¿?!)

Como bien sabéis los expertos en vino, una denominación de origen, un tipo de uva o el tiempo que han pasado en barrica no son por sí solos información mínimamente suficiente para elegir un vino. ¿Por qué nos esforzamos tanto en elegir una serie de referencias que nos pueden parecer interesantes para nuestros clientes, y a la hora de la verdad no les facilitamos ni la elección ni la experiencia de probar cosas diferentes? Luego decimos que no podemos tener nada novedoso en la carta porque no sale, que tenemos riojitis o riberitis… Sí que es cierto que muchos clientes son tradicionales y van a tiro hecho. Pero también hay un grueso de clientes, que queremos probar cosas diferentes, y que nos sentimos huérfanos y frustrados a la hora de pedir.

elegir vino

Nos centramos en definir la oferta de vinos, hacemos una inversión y nos olvidamos de “rematar” la jugada. Formemos a los camareros. No hace falta mucho tiempo ni dinero. Podemos generar unas fichas de cada vino, con información muy básica- ya que no hace falta que “jueguen” a ser sumilleres si no dominan la materia- y trabajarlas con ellos. También es bueno que prueben los vinos de vez en cuando. Una actividad que funciona muy bien es reunir a los camareros- media hora es suficiente- y que prueben los vinos de la carta a ciegas, jugando a adivinar cuál es cada uno. Es muy motivador y fija bien en el recuerdo el gusto de los vinos. También se puede añadir darles una guía de qué vino combina mejor con cada elección de comida, o generar rotación de stocks con la fórmula de “vino recomendado de la semana/ mes”

Para que el vino sea un valor añadido en nuestro restaurante, y a nuestros clientes les resulte atractivo venir a visitarnos más veces y no sea “siempre lo mismo”, no hacen falta grandes inversiones en referencias o stocks, hace falta “cerrar el círculo” y definir bien la experiencia del cliente en lo referente al vino.

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